Un hombre entró armado a una oficina de provisión de agua (la Jessamine South Elkhorn Water District) y exigió toda la plata. Un empleado se atrevió a decirle que "en realidad aquí no hay plata".
El malhechor insistió argumentando que cómo no iba a haber plata siendo un banco. El mismo asalariado le contestó: "no señor, esto ya no es un banco". Al parecer el ladrón miró hacia todos lados y comprendió su error. Se marchó con las manos vacías.
Diana Clark, gerenta de la oficina de aguas, explicó que "varias veces nos pasó que alguien entró queriendo depositar un cheque".